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30 de octubre de 2014.

Me podría perder en un bosque,
mi bosque,
de esos que guardan una bestia por cada árbol,
de esos que no aparecen en los mapas.
Sin embargo, me atrae más la idea de correr a través de uno real, 
donde pueda clarificar mis ideas, y dejar la mente en blanco, 
o tratar de averiguar mis coordenadas. 

Tan pronto como la naturaleza se abre camino por entre los pinos,
aquí arriba parece que se trata de un zarzal, 
cuyas ramificaciones me sujetan apresuradas, 
pidiendo que nos situemos en el mapa para ir a un punto preciso.
¿Acaso hay sendas en el espacio?
¿Trenes que crucen el vacío?
Vamos a ninguna parte, y no hay nadie que nos acompañe.
¿Entonces quién esperas que espere? 
¿Quién sabrá que he llegado sino yo?
Sin aliento me doy cuenta de que vuelvo mas enlodada y desorientada de lo que partí, 
y aun tengo que señalizar esta ruta, 
en la que me encuentro aun estando perdida, 
y en la que me pierdo intentando dibujarme en el mapa.

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