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Mostrando entradas de 2015

Este año no nos vemos, Madrid.

Este año Madrid está más ruidoso e inquieto,  prefiere mantener una sorda conversación con Vicente Calderón  que respirar el silencio del Retiro. Las gotas se desploman sin gracia en la Avenida Salamanca,  el mármol se ha secado en Neptuno  y las butacas vaciado en Valle Inclán. El humo del café ya no baila y las agujas caminan descoordinadas en la puerta del Sol. Ninguna línea de metro se detiene y las estaciones ya no reciben besos desesperados. En el Prado, el Greco se ha convertido al modernismo,  y en el Pardo la policía lleva a cabo un desalojo. En Carabanchel, Manolito ha sido extraditado  y la agencia T.I.A mantiene el orden en la capital. En el congreso de los diputados solo se oyen los rugidos de los dos gatos pardos devorando a sus inquilinos. Las torres parecen sostener el cielo que siquiera se refleja en el Manzanares. Este año no te veo Madrid, ni te pienso. Este año vago entre conversaciones de cortesía, sin dejarme...

Billete solo de ida.

Qué perdida estás, o qué lejos de casa. Solo ha pasado una estación, y parece como si el tren hubiera finalizado su trayecto. Aun así esta vez no he saltado, por mucho que haya aumentado su velocidad, esta vez las conversaciones de conveniencia y el paisaje inglés eran la perfecta combinación para el ritmo de los ejes. A pesar de no saber en qué punto del mapa estoy, de haber escogido el trayecto más largo o de haber sufrido un descarrilamiento, merece la pena ver como el mar de nubes a su paso se desvanece, y con él, las ciudades que se apagan, en una vieja locomotora oscurecida por el carbón, fotografiada e inmortalizada en los museos de los visitantes más extravagantes, (esos que solo compran billetes de ida). Una vieja locomotora, producto de su pasado y penitencia de su futuro. Impuntualmente segura, y plácidamente perdida y lejos de casa.

30 de octubre de 2014.

Me podría perder en un bosque, mi bosque, de esos que guardan una bestia por cada árbol, de esos que no aparecen en los mapas. Sin embargo, me atrae más la idea de correr a través de uno real,  donde pueda clarificar mis ideas, y dejar la mente en blanco,  o tratar de averiguar mis coordenadas.  Tan pronto como la naturaleza se abre camino por entre los pinos, aquí arriba parece que se trata de un zarzal,  cuyas ramificaciones me sujetan apresuradas,  pidiendo que nos situemos en el mapa para ir a un punto preciso. ¿Acaso hay sendas en el espacio? ¿Trenes que crucen el vacío? Vamos a ninguna parte, y no hay nadie que nos acompañe. ¿Entonces quién esperas que espere?  ¿Quién sabrá que he llegado sino yo? Sin aliento me doy cuenta de que vuelvo mas enlodada y desorientada de lo que partí,  y aun tengo que señalizar esta ruta,  en la que me encuentro aun estando perdida,  y en la que...

Buenas noches, permítanme que me presente.

Llegué tarde. Sí. Llegué tarde y me quedé con la peor parte. El día que llamaron a repartir, el sueño me entretuvo en uno de nuestros incoherentes coloquios. Llegué desarmada, esperando recibir allí mi nueva sombra, y aun con la respiración desbocada, escuché expectante mi sentencia: En primer lugar, de mis progenitores, adquirí el miedo altivo y la gula austera. Por suerte o por desgracia, la paciencia les acompañaba. De sus antecesores, heredé el agobio egoísta y la pasión convencional. De sus hermanas, la soberbia anarquista, y de sus hermanos la avaricia sibarita. No eramos muchas a repartir, aunque tampoco teníamos muchos a los que cobrar. Estos bienes me fueron entregados paulatinamente, a medida que llegaban, yo intentaba darles forma, o al menos un poco de gracia, pero mis intentos por malearlos fueron en vano, y se resistieron, como cualquier raíz estrecha hasta el más vasto de los suelos. El día que llamaron a repartir llegué tarde, y me dejaron con lo peor de ca...