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Mostrando entradas de 2016

El jardín de las delicias

   Soy consciente de todo el daño que he hecho, y de todo el que me queda por hacer, a nadie más que a mi misma.  Y es de extrañar, puesto que convivo entre espaldas cubiertas, y lenguas afiladas. Un lugar poblado de más miradas que piedras,  y donde los susurros parecen correr más que el viento.  Donde no hay títere que no haya sido degollado,   donde el grito prima sobre el acto de escuchar, y donde se vaga esperando la llegada de San Martin. Una alberca cuya agua parece envenenar las mentes con menos criterio. Una oligarquía basada en el poder ensordecedor de un apellido de piaras que se ceban en los graneros,  mientras una campana replica clamando austeridad. Una belleza fingida, una maldad oculta entre balcones de flores colgantes, o una fiesta regional, de fé tan discutible como la necesidad de figurar en una fotografía aerea,  la distinción de la hormiga en un avispero. Un pueblo que es t...

Cómo lloran los abriles.

En vano, rechazo esa mirada. En vano, me resisto a volver a perder. En vano, pongo en orden todo lo pasado desde entonces, y me arrepiento de tantas y tantas cosas, entre las cuales no estás... La velocidad, el tiempo que divide el espacio, y la duda de los días que no llegaron, llenan un vacío de posibles que no existieron y que jamás tendrán lugar. Porque hasta las peores lluvias, tienen su momento. Pero, qué celosa y caprichosa es la incertidumbre, y cómo una caricia, incluso tu sombra sobre mis pies, consiguen domar al orgullo. Sonrío, pero solo de reojo, y huyo, pensando que vas a seguir el ritmo de mis pasos. La añoranza que debería estar dormida, solo me hace divagar. Si ya soy y ya tengo, y contigo era menos y tenía la mitad. Camino lentamente, sabiendo que ahora riendo cuentas a distinto juez. Vuelvo medio año y casi te hecho ocho veces más de menos Y pienso, desorientada, a pesar de que tenga directrices para hablar. Huyo, evito descansar sobre una espalda ...

Hace más frío cuando sale el sol.

Altas horas del día, el silencio se ha desvanecido, he de prepararme para oír la cifra de caídos en la batalla. Las persianas no pueden salvarme de los rayos de sol, ni ellas, ni mis párpados siquiera. No sé si hace más frío ahí fuera o en mi mente. La borrosa incertidumbre se manifiesta en las cicatrices que amanecen a mi lado. Las sombras se movían despacio, sí, pero se retorcían deprisa, y el recuerdo que prevalece es el olor de caras sin forma y luces que golpeaban tan rápido como la ensordecedora música . Pero todo es socialmente correcto, ¿cierto? Por que somos jovenes, salvajes y libres, ¿verdad? Si luchamos todos en la misma guerra, ¿no pertenecemos al bando vencedor? Las emociones se intensifican, al igual que los errores. Y de ellos no quedan más que ciegos testigos, que fueron mis aliados hasta la salida del sol. Es la hora en la que decido poner los pies en la tierra, y limpiar la ceniza que aún queda sobre mi vestido, porque no será la última vez q...

No te quedes a dormir, Álvaro.

No, jamás perdí el sueño, estuvieras o no al otro lado de la almohada. Quería sentir, el segundo antes de pisar el escenario, cada escama de tus mariposas, cada surco irregular. Yo quería un completo desconocido, las peores fajitas del mundo a la luz de mi película francesa favorita y una cama descompasada. Pero solo por una noche. Quería no conocerte. Quería no leerme, no acompañar tu nombre en las presentaciones, no quería esconderme, pero lo hice. Quería sorpresas ingratas, y estar al borde del cañón. Y podía querer conversar, pero no converger contigo. NO quería cerveza. No era yo, y fui aún menos contigo. Jurabas que tenías cicatrices sin haber sangrado y que asaltabas casas con tu piel de pelo pardo. Pero tus alas no eran más que un dibujo de tinta y tus "haz algo" taladraban hasta el último de mis sentidos. Mancillabas mis valores con la boca pequeña y jamás fuiste escudo, aunque me gustara recostarme en tu espalda. Perdón por ...

Las camas vuelan al sur en invierno.

No te vayas todavía, que aún no ha amanecido. Sumérgete en mi cama, finje que duermes, y vuelve, antes de que me despierte. Vuelve, a la noche en la que dos miradas nos cruzaron la cara y nos dictarion sentencia. Vuelve, donde quieras, pero vuela. Sigue quejándote de que aquí no brilla más el sol, y deja que te dé la razón, solo para disfrutar de un cálido silencio. Y vuelve a levantar la voz a distancia, ahora que ya no nos entiende nadie. Finje que te impresionan, mis posturas de billar, mis tres acordes malsonantes y mi cocina experimental. Vuelve a soplar toda las farolas para escondernos de la realidad. Y enredémonos en las cortinas de cuadros cuando el pasillo encienda su silencio. Miente de como yo valía cualquier viaje vuelto en idas, y dí que nos quisimos, hasta los domingos por la mañana.

Placeres desacompasados.

Las luces de la ciudad, las gotas de lluvia bandadas de pájaros en el cielo, estrellas brillando en el firmamento. Escarcha en los cristales, el gotelé de las paredes, las espinas secas en un castañar, los corales aferrados al fondo del mar. Las nubes nómadas las piedras sedentarias las hojas que recorren las aceras las edades de las nogales centenarias. El humo que ambienta la hora del café, sonrisas que parpadean inquietas, de dientes torcidos y manos pidiendo la cuenta. Lenguetazos de olas en la playa, el skyline de nueva york, la sierra de la alpujarra, nochevieja en la puerta del Sol los candados del puente de París, las fronteras de los países europeos, las pisadas automáticas en la boca del metro El latir descompasado de mis pestañas o de tus pupilas. Sonrisas instintivas y   a tu espalda  miradas furtivas. Las pisadas, en calles en empedradas y, el primer beso, nuestro primer beso. Y el desorden,  después de una noche de....