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Mostrando entradas de diciembre, 2021

Tren vuelta a casa.

Jamás pensé que nuestros nombres volverían a pasear por separado. Jamás que este último año tendría lugar.  Volvería a esperarte hasta agosto, a pasar frío hasta las cinco de la mañana, a no entenderte, a hacerte daño, a hablar todos los días, a viajar, a re-conocerte, a dormir, a perder la vergüenza, a montarte una habitación, a una pandemia, a una relación a distancia, a decepcionarme, a desconfiar, a crear un proyecto - o powerpoint -, a esperarte todas las tardes, a llegar a Madrid y perderte.  Repetiría todos y cada uno de los días pasados desde el verano de 2016.  Pero no viviría nuevos.  Por muy intensa que transcurra una noche, siempre llega la hora de volver a casa. Y lo digo yo, que he recorrido tres horas en tren para evitar enfrentarme al siguiente capítulo. Por pánico A no escucharte todos los días, A no verte evolucionar laboralmente, A no escuchar las mismas batallitas una y mil veces.  Pero más miedo me produce el quererte con miedo, el no acabar...

Vuelta a Madrid.

No me permito pensarte, mucho menos echarte de menos. Te juro que no estoy y no podría estar en guerra contigo.  Pero tuve que dejarlo todo, para reconocerme, para elegirme esta vez. Dejé de lucharte. Dejé de querer besarte. Dejé de querer abrazarte cada noche y despertarme a tu lado. Dejé de querer oler a café  y que nos despidiésemos cada mañana. Dejé de querer escuchar cómo te quejas por todo, de reñirte por cómo discutes con tu familia, de ver cómo haces rabiar a Cris por jugar con Jara. Dejé de hacer planes, de querer que veas todas las series que tanto me hacen reir. Dejé de querer sentirme orgullosa de ti, de considerarte mi periodista favorito. Dejé de creerte,  porque no encontraba motivos para hacerlo,  porque solo tenía motivos para no hacerlo.
Cada mañana despertaba sin saber dónde se encontraba.  Miraba a su alrededor y seguía sin reconocer aquella habitación. "Estoy casi segura de que yo escogí estas sábanas". Cada mañana se desperezaba en el sofá, instintivamente dirigía sus extremidades hacia el sol que se colaba por el balcón. "Creo que estoy perdiendo la cabeza", se repetía constantemente. Si perdía la vida, le preguntarían a él acerca de sus últimos días "¿Quién de todos respondería?" El primero de todos contestaría de forma escueta, solo se conocían de paseos nocturnos, solo conocían el frío y la humedad, él de hecho podía pecar de rencoroso e identificar aquel acto como otro capricho. El segundo no se manifestaría puesto que solo aparecía en su presencia. Él si sufrió una fuerte aflicción. Ella era su compañera en todos los sentidos de la palabra. Podía describir de forma milimetrada, aunque con tono sensiblero, sus cinco años de convivencia. Colmaría su recuerdo de los apelativos que s...