Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2015

Este año no nos vemos, Madrid.

Este año Madrid está más ruidoso e inquieto,  prefiere mantener una sorda conversación con Vicente Calderón  que respirar el silencio del Retiro. Las gotas se desploman sin gracia en la Avenida Salamanca,  el mármol se ha secado en Neptuno  y las butacas vaciado en Valle Inclán. El humo del café ya no baila y las agujas caminan descoordinadas en la puerta del Sol. Ninguna línea de metro se detiene y las estaciones ya no reciben besos desesperados. En el Prado, el Greco se ha convertido al modernismo,  y en el Pardo la policía lleva a cabo un desalojo. En Carabanchel, Manolito ha sido extraditado  y la agencia T.I.A mantiene el orden en la capital. En el congreso de los diputados solo se oyen los rugidos de los dos gatos pardos devorando a sus inquilinos. Las torres parecen sostener el cielo que siquiera se refleja en el Manzanares. Este año no te veo Madrid, ni te pienso. Este año vago entre conversaciones de cortesía, sin dejarme...

Billete solo de ida.

Qué perdida estás, o qué lejos de casa. Solo ha pasado una estación, y parece como si el tren hubiera finalizado su trayecto. Aun así esta vez no he saltado, por mucho que haya aumentado su velocidad, esta vez las conversaciones de conveniencia y el paisaje inglés eran la perfecta combinación para el ritmo de los ejes. A pesar de no saber en qué punto del mapa estoy, de haber escogido el trayecto más largo o de haber sufrido un descarrilamiento, merece la pena ver como el mar de nubes a su paso se desvanece, y con él, las ciudades que se apagan, en una vieja locomotora oscurecida por el carbón, fotografiada e inmortalizada en los museos de los visitantes más extravagantes, (esos que solo compran billetes de ida). Una vieja locomotora, producto de su pasado y penitencia de su futuro. Impuntualmente segura, y plácidamente perdida y lejos de casa.