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Mostrando entradas de 2020

Tercer asalto.

"¿Estás despierto?" Piel tostada de oriente medio, mares que se revolucionan en tus ojos. Recorres las calles de París cuando cae la noche y me llevas contigo al corazón del Sena. Eres el menor de cinco hermanos, y aún así tú también sientes que eres el mayor. Entre té y pastas dices sentirte como en casa, en la costa opuesta del Mediterráneo. Ilustras la espera del agua hirviendo con olores y colores de tu infancia. Nostálgico desconocido, ¿por qué aún así no quieres volver? "¿Estás despierto?" Apenas iba a cerrar los ojos cuando me invitas a ver una película.  ¿Por qué recalcas que no quieres que te malinterprete?  Escojo por ti la película: Eternal sunshine of the spotless minds. Eterno resplandor de las mentes inmaculadas. Alexander Pope. Metáfora de lo que ocurriría más adelante. Nos sentamos en la cama, y nos apollamos en un acolchado cabecero. -¿Qué champú usas?- me preguntas. -Uno australiano que compro por internet- Creo que no entiendes el ...

Septiembre.

Han pasado tres años ya desde que mis pulmones y mi corazón se desincronizaron. Han pasado tres años ya y no han pactado una tregua. Habiendo amanecido o no, tres verdugos sobresalen entre mis copos de avena. Los cuales no siempre ejecutan de forma impoluta la jornada anterior y por tanto he de notificarlo a su superior, que decide si ajusticiar a uno de ellos o sumar una unidad al destacamento. Berlin, Copenhague, Dublin. A un lado u otro de la frontera, a un lado u otro del flash, he ido perfeccionando mis dotes interpretativas, que en más de una ocasión se han derrumbado con la más mínima brisa. Me abro paso entre la multitud, y reconozco más de una mirada, siento una mezquina soledad. ¿Dónde he dejado mis modales? Un dolor ensordecedor me hace enmudecer y por unos minutos me desvanezco en un vacío que cada vez me es más familiar. No es más que otro déjà-vu. Han pasado tres años ya desde esa encarnizada cruzada. Han pasado tres años ya desde aquel septiembre.

Ruinas.

La noche se expandía y cubría nuestros cuerpos desnudos, caía insonora sobre nosotros. Nos enredamos, nos perdimos, no nos encontramos. Nos rozamos y erosionamos. Hacía frío y no desprendíamos calor. La noche caía sobre dos almas que ya no se fundían. El sueño no era más que un mero recuerdo. Al igual que los días calurosos, las miradas esperanzadoras y las sonrisas entusiastas. Los relatos de vidas pasadas ya habían sido contados, las sorpresas desveladas y las manos se cruzaban desinteresadas. El amanecer ya solo parece despertar desinteresado, acompaña el café que se enfria esperando unos labios que besar, escucha excusas planeadas la noche antes y atestigua un distante abrazo de dos almas que se están olvidando.

Primer asalto.

Era un sábado más de una noche más de verano. No esperaba que seguiría recordándola después de cinco años. Seré breve. Ya eran más de las tres cuando me agarraste del brazo y me susurraste mientras una sonrisa se revelaba a tus mejillas: "Cómo siento que ya no estés con Gato". "Estábamos tirando de una cuerda en direcciones opuestas", contesté. "Eres preciosa", me insultaste. Ya eran más de las cinco cuando detuviste mi paso, de nuevo con una retahíla de insultos haciendo referencia a mi físico y personalidad. "¿Quién no se va a enamorar de ti?" “Inconsciente", pensé, "estás realmente desesperado". A día de hoy sigo arrepintiéndome de no pensar más veces en voz alta. La música enmudecía al ritmo del amanecer y las madrigueras se preparaban para recibir una fauna de lo más variopinta, pero ambos seguíamos de pie sobre unas tablas de lo absurdo. "Te acompaño a casa", sentenciaste. "Literalmente vamos en...

25IV

¿Por qué la lluvia no cae en una métrica verticalidad? Mientras muevo el taburete hacia la mitad del balcón escucho la banda sonora que ha acompañado el día. Tomando la posición de bajo, el agua recorre las tres cañerías que serpentean por la fachada. Una vez vuelvo a mi posición inicial, resguardo Verónika decide morir bajo mi sudadera. Mirada al frente me pregunto si todos esos papeles con dibujos y palabras de ánimo tienen algún valor para esta lluvia. La vecina del edificio color arena está a la espera de que lleguen las ocho. Yo tampoco sabía que hoy no se aplaudía. Dos pisos por debajo se desvela una figura que no había visto antes, un hombre con una camiseta de un equipo de fútbol que, como de costumbre, desconozco. Acompaña la lluvia con el humo de su cigarro. Hoy el periquito no ha cantado, pienso. Y sólo canta en soledad. Eva responde al mensaje que le envié, no recuerdo qué día ni a qué hora de la madrugada. Ya había olvidado ese cruce de ideas. ¿Realmente he ll...

27III

Hace 4 años, una noche de quintos, estaba rodeada de unas cinco personas, entre ellas mi amiga francesa del Erasmus Ariana. Hace 4 años, una noche de quintos, me había dado por vencida. ¿Cómo era posible que en medio año hubieran cambiado tanto? ¿O hubiera cambiado yo? Me sentía más lejos de casa que nunca. Hace cuatro años, una noche de quintos, lo último que anhelaba era un corazón por el que mi estómago latiese más deprisa. ¿No había cumplido ya tres angustiosas condenas? La vida en Inglaterra era mucho más fácil. Amores baratos de apenas unas horas. Sin presentaciones, sin dirección postal. Sin cerrar los ojos pero sin cruzar miradas. Hace cuatro años, una noche de quintos, en el pueblo más alto de la sierra se oía más francés que español. "Pero él tiene acento belga", me decía Ariana. Hace cuatro años, una noche de quintos, después de desacreditar la televisión española, te dirigiste a mi con un gesto de aprobación. Hace cuatro años, una noche de quintos,...

El fin de la cuarentena.

Al igual que espero que nadie lo lea, tampoco espero que nadie lo entienda. Antes de nada, me declaro inconformista e incongruente: por ser presa entre cuatro paredes y añorar la cárcel del exterior. Hoy, 24 de marzo de 2020, me debato entre la angustia de un estado de alarma y la terrorífica vuelta a la cotidianidad. Calles abarrotadas que celebren el fin del toque de queda, nubes que se formen por el calor del gentío, un cielo ennegrecido que preceda la tempestad. La primeras gotas se cruzan, en el aire se acarician, y retozan en las baldosas. Pero aún quedan dos semanas, que desde la ventana parecen una eternidad, en la hoja un suspiro y en mis ojos una amenaza.