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No te escondas detrás de un niño.

Suplico una tregua,
Suplico una tregua para esta noche,
Que en busca de aliento,
He sufrido una emboscada.

¿Por la espalda? No.
De lleno en el corazón, serpenteando por cada una de las cavidades hasta estallar en mil pedazos mi cavidad respiratoria.

Como si se tratase de un duelo de cualquier pelicula antigua de Eastwood, frente a frente.
Mis armas contra las suyas, que además incluyen un señuelo.
Y entre medias un falso apaciguador, similar a una veleta un día de temporal, se sitúa detrás mío clamando haberse posicionado.

Y lo estabas.
Detrás mio.
Cubriendo mi espalda.
Parecia otra de nuestras múltiples hazañas.
Parecía.
Esta vez no.

Desde la espalda me has arrancado lo que me distinguia de ellas.
Y lo has destruido, como la pieza del rey desplomándose sobre el tablero.
Desarmada, he perdido.

Habéis ganado, si le he perdido.

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