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27III

Hace 4 años, una noche de quintos, estaba rodeada de unas cinco personas, entre ellas mi amiga francesa del Erasmus Ariana.

Hace 4 años, una noche de quintos, me había dado por vencida. ¿Cómo era posible que en medio año hubieran cambiado tanto? ¿O hubiera cambiado yo?

Me sentía más lejos de casa que nunca.

Hace cuatro años, una noche de quintos, lo último que anhelaba era un corazón por el que mi estómago latiese más deprisa. ¿No había cumplido ya tres angustiosas condenas?

La vida en Inglaterra era mucho más fácil. Amores baratos de apenas unas horas.
Sin presentaciones, sin dirección postal.
Sin cerrar los ojos pero sin cruzar miradas.

Hace cuatro años, una noche de quintos, en el pueblo más alto de la sierra se oía más francés que español. "Pero él tiene acento belga", me decía Ariana.

Hace cuatro años, una noche de quintos, después de desacreditar la televisión española, te dirigiste a mi con un gesto de aprobación.

Hace cuatro años, una noche de quintos, cruzamos dos frases resumiendo nuestras aventuras a miles de kilómetros de allí.

Hace cuatro años, una noche de quintos, me sentí un poco más cerca de casa.

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