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25IV

¿Por qué la lluvia no cae en una métrica verticalidad?
Mientras muevo el taburete hacia la mitad del balcón escucho la banda sonora que ha acompañado el día.
Tomando la posición de bajo, el agua recorre las tres cañerías que serpentean por la fachada.
Una vez vuelvo a mi posición inicial, resguardo Verónika decide morir bajo mi sudadera.
Mirada al frente me pregunto si todos esos papeles con dibujos y palabras de ánimo tienen algún valor para esta lluvia.
La vecina del edificio color arena está a la espera de que lleguen las ocho.
Yo tampoco sabía que hoy no se aplaudía.
Dos pisos por debajo se desvela una figura que no había visto antes, un hombre con una camiseta de un equipo de fútbol que, como de costumbre, desconozco. Acompaña la lluvia con el humo de su cigarro.
Hoy el periquito no ha cantado, pienso. Y sólo canta en soledad.

Eva responde al mensaje que le envié, no recuerdo qué día ni a qué hora de la madrugada.
Ya había olvidado ese cruce de ideas.
¿Realmente he llegado a repercutir en la vida de alguien? ¿mi paso por la vida está teniendo alguna significación? ¿qué es de todas esas personas con las que compartí algún periodo de mi vida? ¿qué llevó a determinadas personas a odiarme o a estimarme?
"Siempre tienes las redes sociales para echar un vistazo a sus vidas ahora", concluye.
No es suficiente, pienso.
¿Qué imágenes mías perviven ahí fuera?

Pedro siempre encuentra respuestas cálidas a preguntas gélidas.
Creo haber ya compartido esta incertidumbre con él. Y peores.
Pero no son palabras de aliento las que necesito ahora.

Continúo leyendo. “Las personas nunca aprenden nada de lo que les cuentan, necesitan descubrirlo por ellas mismas.”

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