La noche se expandía y cubría nuestros cuerpos desnudos, caía insonora sobre nosotros.
Nos enredamos, nos perdimos, no nos encontramos.
Nos rozamos y erosionamos.
Hacía frío y no desprendíamos calor.
La noche caía sobre dos almas que ya no se fundían.
El sueño no era más que un mero recuerdo. Al igual que los días calurosos, las miradas esperanzadoras y las sonrisas entusiastas. Los relatos de vidas pasadas ya habían sido contados, las sorpresas desveladas y las manos se cruzaban desinteresadas.
El amanecer ya solo parece despertar desinteresado,
acompaña el café que se enfria esperando unos labios que besar,
escucha excusas planeadas la noche antes
y atestigua un distante abrazo de dos almas que se están olvidando.
Nos enredamos, nos perdimos, no nos encontramos.
Nos rozamos y erosionamos.
Hacía frío y no desprendíamos calor.
La noche caía sobre dos almas que ya no se fundían.
El sueño no era más que un mero recuerdo. Al igual que los días calurosos, las miradas esperanzadoras y las sonrisas entusiastas. Los relatos de vidas pasadas ya habían sido contados, las sorpresas desveladas y las manos se cruzaban desinteresadas.
El amanecer ya solo parece despertar desinteresado,
acompaña el café que se enfria esperando unos labios que besar,
escucha excusas planeadas la noche antes
y atestigua un distante abrazo de dos almas que se están olvidando.
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