Me temo que no existe esa resistencia de la que tanto alardeaba,
que no estaba tan cansada,
y que lo más dificil no fue decir adiós,
porque el final tuvo lugar 10 meses antes.
El día que me llamen a testificar, me condenarán por mentirosa.
Y aún cuando cumpla mi condena, seguiré creyendo en todo lo que he callado.
En que tardé un día en volver a creer,
en que el sol en Madrid no se esconde y
en que lloré por Bari cuando Roma me esperaba al año siguiente.
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