Primera sesión voluntaria de terapia. Ella, que siempre había despreciado ilusionistas y cualquier cómplice del gremio, aquella tarde salió de la cama para recostarse en un sillón.
"¿La primera vez que me sentí defraudada?"
Es curioso cómo el tiempo hace crecer vida sobre ruinas y tierra baldía.
Como si no hubiera pasado un solo segundo, sentados a mi izquierda en una mesa camilla y la cena sobre la mesa, los gestos y miradas de desprecio y aversión empañaron por vez primera mi orgullo.
"Al principio me sentí terriblemente culpable."
Sin embargo, cuando él dejó la estancia, ella decidió dejar la casa.
"Me dio igual que fuera detrás mío por la calle. Sentí desprecio. Soberbia. Subestimación.
Hacia mi persona.
Sí, creo que fue aquella vez "
"¿Pánico? Nunca he creído que pudiera hacerme daño físico. Pero siempre he sido muy sensible a los tonos de voz graves y agresivos. No quería conducir con él. Apenas unas semanas después de sacarme el carnet y viajando hacia nuestro pueblo en su coche..."
Anudaste mi garganta mediante tus numerosas órdenes que silenciaban la música del coche.
"Soy consciente de que no dominaba el volante, pero me sentí insignificante."
"Sin embargo... sí volví a conducir con él... creo que no llegó a un minuto, claro. Fue en Irlanda."
Solo mi padre me había gritado así a días de sacarme el carnet, y, por un segundo, me pareció que era él quien estaba en el asiento del copiloto.
“No quiero formar una pareja en la que no existan muestras de afecto, apoyo emocional o independencia sentimental.”
Rápidamente eché el freno de mano. La idea de conducir por el carril contrario parecía emocionante, una experiencia que rara vez podría repetir... hasta a ti te costó al principio. Y aquel era el quid de hacer un viaje por carreteras extranjeras, ¿no?
El resto del viaje me limité a contemplar colinas verdes.
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