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Billete solo de ida.

Qué perdida estás, o qué lejos de casa.

Solo ha pasado una estación, y parece como si el tren hubiera finalizado su trayecto.
Aun así esta vez no he saltado, por mucho que haya aumentado su velocidad,
esta vez las conversaciones de conveniencia y el paisaje inglés eran la perfecta combinación para el ritmo de los ejes.

A pesar de no saber en qué punto del mapa estoy, de haber escogido el trayecto más largo o de haber sufrido un descarrilamiento, merece la pena ver como el mar de nubes a su paso se desvanece, y con él, las ciudades que se apagan, en una vieja locomotora oscurecida por el carbón, fotografiada e inmortalizada en los museos de los visitantes más extravagantes, (esos que solo compran billetes de ida).

Una vieja locomotora,
producto de su pasado
y penitencia de su futuro.
Impuntualmente segura,
y plácidamente
perdida
y lejos de casa.




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