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Cómo lloran los abriles.

En vano, rechazo esa mirada.
En vano, me resisto a volver a perder.
En vano, pongo en orden todo lo pasado desde entonces,
y me arrepiento de tantas y tantas cosas, entre las cuales no estás...
La velocidad, el tiempo que divide el espacio, y la duda de los días que no llegaron, llenan un vacío de posibles que no existieron y que jamás tendrán lugar.
Porque hasta las peores lluvias, tienen su momento.
Pero, qué celosa y caprichosa es la incertidumbre,
y cómo una caricia, incluso tu sombra sobre mis pies,
consiguen domar al orgullo.
Sonrío, pero solo de reojo, y huyo, pensando que vas a seguir el ritmo de mis pasos.
La añoranza que debería estar dormida, solo me hace divagar.


Si ya soy y ya tengo, y contigo era menos y tenía la
mitad.

Camino lentamente, sabiendo que ahora riendo cuentas a distinto juez.
Vuelvo medio año y casi te hecho ocho veces más de menos
Y pienso, desorientada, a pesar de que tenga directrices para hablar.
Huyo, evito descansar sobre una espalda que vi por última vez desnuda.
Ni una caricia o una mirada, solo una respiración entrecortada o una conversación que únicamente escucho yo.

¿Y qué hago lamentándome, si nunca me habías dolido, si nunca me has pensado.

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