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Cada mañana despertaba sin saber dónde se encontraba. 
Miraba a su alrededor y seguía sin reconocer aquella habitación.
"Estoy casi segura de que yo escogí estas sábanas".

Cada mañana se desperezaba en el sofá,
instintivamente dirigía sus extremidades hacia el sol que se colaba por el balcón.
"Creo que estoy perdiendo la cabeza", se repetía constantemente.

Si perdía la vida, le preguntarían a él acerca de sus últimos días
"¿Quién de todos respondería?"

El primero de todos contestaría de forma escueta,
solo se conocían de paseos nocturnos,
solo conocían el frío y la humedad,
él de hecho podía pecar de rencoroso e identificar aquel acto como otro capricho.

El segundo no se manifestaría
puesto que solo aparecía en su presencia.
Él si sufrió una fuerte aflicción.
Ella era su compañera en todos los sentidos de la palabra.
Podía describir de forma milimetrada, aunque con tono sensiblero, sus cinco años de convivencia.
Colmaría su recuerdo de los apelativos que siempre callaba,
con los que ella no se identificaba.
Tras su evanescencia, él se volatilizó.

El tercero, como de costumbre, llegaría tarde.
Este último le haría un flaco favor.
Engrandeciéndose únicamente ante sus amigos,
degradaría a la difunta a través de testimonios vejatorios.

Todos estos testimonios tenían la garantía de veracidad de su silencio,
que todos visualizarían a través de estas revelaciones.

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