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Tren vuelta a casa.

Jamás pensé que nuestros nombres volverían a pasear por separado.

Jamás que este último año tendría lugar. 


Volvería a esperarte hasta agosto, a pasar frío hasta las cinco de la mañana, a no entenderte, a hacerte daño, a hablar todos los días, a viajar, a re-conocerte, a dormir, a perder la vergüenza, a montarte una habitación, a una pandemia, a una relación a distancia, a decepcionarme, a desconfiar, a crear un proyecto - o powerpoint -, a esperarte todas las tardes, a llegar a Madrid y perderte. 


Repetiría todos y cada uno de los días pasados desde el verano de 2016. 

Pero no viviría nuevos. 


Por muy intensa que transcurra una noche, siempre llega la hora de volver a casa.

Y lo digo yo, que he recorrido tres horas en tren para evitar enfrentarme al siguiente capítulo.

Por pánico

A no escucharte todos los días,

A no verte evolucionar laboralmente,

A no escuchar las mismas batallitas una y mil veces. 

Pero más miedo me produce el quererte con miedo, el no acabar de creerte, a vivir en guardia o esperar a la próxima vez que te encuentre faltándome al respeto faltándote al respeto.

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