Ir al contenido principal

Por si caes por aquí.

Nunca te he escrito nada,
y no sabes el bien que me haces.
Nunca te he escrito nada,
(sabes que solo escribo para dramatizar)
puesto que nunca he sentido iba a que perderte para siempre,
al igual que normalizamos que nunca vamos a enfermar.

Al igual que es más dificil hacer al público reir que llorar,
reconozco que me es muy dificil describir lo que has significado para mí estos casi 7 años.
Eres caos Eva, un caos interminable.
Eres
desordenada,
desorientada,
despistada,
dramática,
torpe
y catastrófica,
pero qué bien me guías,
para lo perdidas que estamos.

Has pintado mis paredes de paisajes borratajeados solo para oxigenar mis cuatro paredes,
tú, que sufres tambien de claustrofobia.
Has rebuscado por entre mis lunares, y dices haber encontrado no sé qué luz,
tú, que proyectas torrentes con tu voz.
Revuelas y desenredas mis palabras
y me haces sentir un poco menos inútil
riéndote a carcajadas en los momentos inoportunos,
y reinventando mis miedos en forma de desafíos.

Te quiero Eva,
cada pelo mal teñido de tu azotea,
cada peca manchadada de rimel que no te has lavado,
cada lágrima derramada en vano,
o cada día que reaparecemos en el río.


Por decir algo, por si caes por aquí.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Familia.

Un concepto antónimo a los lazos sanguíneos y legales a los que me referiré en esta entrada. Si me preguntan por mi “familia” mi mente únicamente lo ligará al núcleo formado por mis padres, hermanas y, ahora, Jara. Todo esto se remonta a años luz. Pero como se trata de exponer mis vivencias comenzaré en el año 2000. Posiblemente mi primer recuerdo fue el de una discusión. Todos los participantes estaban ligados a nosotros por la rama materna. Se encontraban en la entrada del piso tercero de casa de la abuela en La Alberca. María y yo, con seis y cuatro años respectivamente, nos asomábamos por la puerta entrecerrada que separaba la sala de las escaleras. Las voces se elevaban, pero no discriminábamos una palabra. “Es mi culpa”, recuerdo decirle a María. “No, es la mía”, respondía ella.  Allí no había cabida para una disculpa por haber corrido, gritado, jugado o lo que quiera que hicieran dos niñas en su más tierna infancia, y más aún cuando la discusión parecía envalentonarse. Todo ...
U na vez leí que solo sabes si te han disparado porque no habrás escuchado el disparo. A mi me bastó una palabra para que el mundo enmudeciera. Recuerdo taparme la boca con la manga de la sudadera para ahogar el llanto. Después de aquello llegaron innumerables preguntas Qué Cómo Dónde Cuando Por qué En tres meses no hallamos respuesta a ninguna de ellas. Hoy sigo añadiendo otras tantas a la lista.