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Marte.

No recuerdo absolutamente nada.

No puedo responder, porque su silueta no es más que una figura borrosa ahora.

Recuerdo que nos topamos hace ya 23 inviernos, sus pómulos sonrojados eran producto de una nevosa tarde en la que sus ojos decían vislumbrar un futuro esperanzador.

Pero no recuerdo de qué color eran.
Creció tal y como la criaron, con la misma melodía ensordecedora que enmudecia cualquier otra canción.

Y poco a poco, se iba moldeando de acuerdo con los susurros que escuchaba.
Poco más puedo describir, anhelo una mirada curiosa y la luna reflejada en ella.

Y ahora es solo eso, un mero recuerdo, una serpenteante sombra que avanza asustada entre multitudes, que en el firmamento no busca (a)marte.

Ya no se asoma en los reflejos, ni responde al sonido del eco.
No habla por las noches y recoge las huellas que se desprenden a su paso.

No puedo responder por ella, porque no sé quién es, no recuerdo quién fue.

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