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¿Que por qué te odio?

Seis de la mañana y aún puedo transportarme a aquel recuerdo.
Aquella noche ya era consciente del rumbo que tenías en mente, y te seguí hasta quedarme dormida.
Cuando por fin llegamos, mi corazón se detuvo en un incesante y estridente redoble de tambor - no voy a mentir, mi inocencia se alegró de que nos perdiéramos-.

Y cayó la noche el 7 de diciembre, y con ella llegó mi mayoría de edad, para callar lo que en tres meses habíamos compartido.
Y el invierno y el nuevo año incendiaron lo que en primavera se apagó. Por una temporada, los hábitos se desnudaron hasta desvanecerse.

Pero el verano, supondrás, despertaría nuestro letargo.
No.
Desperté al lado de un completo desconocido que leventaba la vista cuando el sol se reflejaba en su tez oscura, y que, tan valiente como yo, no se atrevió a detener su paso.

Y ahí acabó todo, - a excepción de la tentación cuando es reprimida, a excepción de la búsqueda de calor cuando hace frío - casi dos años después de que compartiésemos ese lecho.

¿Por qué me cubres los ojos ahora?
¿Por qué hablas en pretérito si nunca te dirijiste a mí en presente?
Y aún así, ¿por qué conociendo el maquillaje de tus mentiras, cierro los ojos cuando los cubres con tu mano?

Te odio, porque las personas se hacen inmortales cuando las escribimos.

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