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Sexta parte.

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[19:00, 20/8/2020]  Si, yo al principio sudaba mucho de ella.

[19:02, 20/8/2020] Es que siempre anda con sus movidas, supongo que ahora me toca a mi aguantarla, luego que la aguanten sus padres.

[19:13, 20/8/2020] Bueno, a saber lo que habla con sus amigos del pueblo, menudos hijos de la gran puta, sobre todo ellas. Seguro que le han comido la cabeza como no tiene personalidad...

[19:17, 20/8/2020]  En noviembre podía entender que me echara la bronca, si es que iba empastillado todos los fines de semana. Aunque bueno, esto no lo sabe ella. 

[22:26, 17/5/2019] Bueno tio en unos meses solteros Jajajaja si quiere dejarlo pues allá ella, mejor salir de putas Jajajaja

[20:26, 29/1/2019] Serán cosas de mujeres, pero me toca los huevos, sé que no se puede matar a nadie pero nunca digas nunca jajajaj

[20:27, 29/1/2019] Marta es retrasada profunda

[14:26, 19/7/2020] ¿Pues no va hoy y se presenta para darme una sorpresa? Menos mal que no me pilló modo rata camboyana jajaja que si no, bronquita, ahora que estuvimos poco tiempo porque se iban a meter y mejor que no conozca esa parte de mi

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Buscador: Marta

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Cada palabra palpitaba fervientemente en mi cabeza. 

Simultáneamente reptaba en mi garganta, corazón y estómago un gélido látigo que, aunque contradictorio, ardía.

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Un concepto antónimo a los lazos sanguíneos y legales a los que me referiré en esta entrada. Si me preguntan por mi “familia” mi mente únicamente lo ligará al núcleo formado por mis padres, hermanas y, ahora, Jara. Todo esto se remonta a años luz. Pero como se trata de exponer mis vivencias comenzaré en el año 2000. Posiblemente mi primer recuerdo fue el de una discusión. Todos los participantes estaban ligados a nosotros por la rama materna. Se encontraban en la entrada del piso tercero de casa de la abuela en La Alberca. María y yo, con seis y cuatro años respectivamente, nos asomábamos por la puerta entrecerrada que separaba la sala de las escaleras. Las voces se elevaban, pero no discriminábamos una palabra. “Es mi culpa”, recuerdo decirle a María. “No, es la mía”, respondía ella.  Allí no había cabida para una disculpa por haber corrido, gritado, jugado o lo que quiera que hicieran dos niñas en su más tierna infancia, y más aún cuando la discusión parecía envalentonarse. Todo ...
U na vez leí que solo sabes si te han disparado porque no habrás escuchado el disparo. A mi me bastó una palabra para que el mundo enmudeciera. Recuerdo taparme la boca con la manga de la sudadera para ahogar el llanto. Después de aquello llegaron innumerables preguntas Qué Cómo Dónde Cuando Por qué En tres meses no hallamos respuesta a ninguna de ellas. Hoy sigo añadiendo otras tantas a la lista.