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No todos los Ángeles son Laureados.

Me gusta conocer a las personas por su elección de palabras, las escritas, claro está. Y es por eso que no me interesa apenas nadie que ni siquiera sea capaz de ordenar su caos en una hoja de papel. Dudoso concepto el de la amistad. Engaños, tretas y juegos de poderes reflejados en lagrimas de cocodrilo, y conversaciones banales que intentan sostener el orden social, ese arma de doble filo que muy pocos saben sujetar por la empuñadura. Este verano, muy a mi pesar, ha sido un mes de decepciones frustradas. Un año y medio atrás fui atisbando lo que creía que iba ser mi deserción. Ensordecedoras carcajadas aumentaban mi deseo de desvanecerme por cualquiera de aquellas estrechas calles empedradas. Llegado el octavo mes, estalló la tormenta que todos llevabamos esperando. Sin embargo, la ultima de las gotas trajo la calma. Por lo menos, mi calma. Todo han sido palabras distendidas desde entonces. Y aun así, no puedo disociarme de aquellas alianzas. He seguido escondiendo una d...

Arbustos de tizón.

Fueron los últimos rayos de sol del verano, Y aun así los más cálidos. Repasaron fugazmente antiguos recuerdos, de hacía dos años. La última batalla había dejado tan solo magulladoras, siquiera había repercutido en un solo soldado de su ejército. Sin embargo, se juró a sí misma que abandonaría lanzas, caballos, y trompetas de guerra, hasta que realmente fuera capaz de ganar un territorio lo suficientemente exuberante, como para abastecer a su nación. ¿Porqué entonces nos detuvimos en este combate? ¿Acaso antiguas derrotas necesitaban ser conmemoradas? "Realmente inecesario" pensó entonces, "sin embargo..." Que dulces fueron los últimos rayos de sol del verano, De una piel a otra, corrían pasajeras, motas de purpurina que, de asalto en asalto, escuchaban vacias promesas y declaraciones . Y es así como aminoró su paso en el camino de vuelta, buscando de reojo los últimos rayos de sol, los más cálidos de todo el verano.

El jardín de las delicias

   Soy consciente de todo el daño que he hecho, y de todo el que me queda por hacer, a nadie más que a mi misma.  Y es de extrañar, puesto que convivo entre espaldas cubiertas, y lenguas afiladas. Un lugar poblado de más miradas que piedras,  y donde los susurros parecen correr más que el viento.  Donde no hay títere que no haya sido degollado,   donde el grito prima sobre el acto de escuchar, y donde se vaga esperando la llegada de San Martin. Una alberca cuya agua parece envenenar las mentes con menos criterio. Una oligarquía basada en el poder ensordecedor de un apellido de piaras que se ceban en los graneros,  mientras una campana replica clamando austeridad. Una belleza fingida, una maldad oculta entre balcones de flores colgantes, o una fiesta regional, de fé tan discutible como la necesidad de figurar en una fotografía aerea,  la distinción de la hormiga en un avispero. Un pueblo que es t...

Cómo lloran los abriles.

En vano, rechazo esa mirada. En vano, me resisto a volver a perder. En vano, pongo en orden todo lo pasado desde entonces, y me arrepiento de tantas y tantas cosas, entre las cuales no estás... La velocidad, el tiempo que divide el espacio, y la duda de los días que no llegaron, llenan un vacío de posibles que no existieron y que jamás tendrán lugar. Porque hasta las peores lluvias, tienen su momento. Pero, qué celosa y caprichosa es la incertidumbre, y cómo una caricia, incluso tu sombra sobre mis pies, consiguen domar al orgullo. Sonrío, pero solo de reojo, y huyo, pensando que vas a seguir el ritmo de mis pasos. La añoranza que debería estar dormida, solo me hace divagar. Si ya soy y ya tengo, y contigo era menos y tenía la mitad. Camino lentamente, sabiendo que ahora riendo cuentas a distinto juez. Vuelvo medio año y casi te hecho ocho veces más de menos Y pienso, desorientada, a pesar de que tenga directrices para hablar. Huyo, evito descansar sobre una espalda ...

Hace más frío cuando sale el sol.

Altas horas del día, el silencio se ha desvanecido, he de prepararme para oír la cifra de caídos en la batalla. Las persianas no pueden salvarme de los rayos de sol, ni ellas, ni mis párpados siquiera. No sé si hace más frío ahí fuera o en mi mente. La borrosa incertidumbre se manifiesta en las cicatrices que amanecen a mi lado. Las sombras se movían despacio, sí, pero se retorcían deprisa, y el recuerdo que prevalece es el olor de caras sin forma y luces que golpeaban tan rápido como la ensordecedora música . Pero todo es socialmente correcto, ¿cierto? Por que somos jovenes, salvajes y libres, ¿verdad? Si luchamos todos en la misma guerra, ¿no pertenecemos al bando vencedor? Las emociones se intensifican, al igual que los errores. Y de ellos no quedan más que ciegos testigos, que fueron mis aliados hasta la salida del sol. Es la hora en la que decido poner los pies en la tierra, y limpiar la ceniza que aún queda sobre mi vestido, porque no será la última vez q...

No te quedes a dormir, Álvaro.

No, jamás perdí el sueño, estuvieras o no al otro lado de la almohada. Quería sentir, el segundo antes de pisar el escenario, cada escama de tus mariposas, cada surco irregular. Yo quería un completo desconocido, las peores fajitas del mundo a la luz de mi película francesa favorita y una cama descompasada. Pero solo por una noche. Quería no conocerte. Quería no leerme, no acompañar tu nombre en las presentaciones, no quería esconderme, pero lo hice. Quería sorpresas ingratas, y estar al borde del cañón. Y podía querer conversar, pero no converger contigo. NO quería cerveza. No era yo, y fui aún menos contigo. Jurabas que tenías cicatrices sin haber sangrado y que asaltabas casas con tu piel de pelo pardo. Pero tus alas no eran más que un dibujo de tinta y tus "haz algo" taladraban hasta el último de mis sentidos. Mancillabas mis valores con la boca pequeña y jamás fuiste escudo, aunque me gustara recostarme en tu espalda. Perdón por ...

Las camas vuelan al sur en invierno.

No te vayas todavía, que aún no ha amanecido. Sumérgete en mi cama, finje que duermes, y vuelve, antes de que me despierte. Vuelve, a la noche en la que dos miradas nos cruzaron la cara y nos dictarion sentencia. Vuelve, donde quieras, pero vuela. Sigue quejándote de que aquí no brilla más el sol, y deja que te dé la razón, solo para disfrutar de un cálido silencio. Y vuelve a levantar la voz a distancia, ahora que ya no nos entiende nadie. Finje que te impresionan, mis posturas de billar, mis tres acordes malsonantes y mi cocina experimental. Vuelve a soplar toda las farolas para escondernos de la realidad. Y enredémonos en las cortinas de cuadros cuando el pasillo encienda su silencio. Miente de como yo valía cualquier viaje vuelto en idas, y dí que nos quisimos, hasta los domingos por la mañana.