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Cuarta Parte.

Año 2020. Supongo que permanecerá en la mente de todos los seres humanos que vivimos este año como el año del covid, pandemia… sin embargo, egoístamente reconozco que el confinamiento me generó bastante paz. Fueron semanas que vivimos en casa como si de un juego de niños se tratase. Reinventándonos, cocinando, creando nuestro propio cine en su habitación, jugando a la Play Station, cuidando a un gato abandonado… incluso él tuvo la oportunidad de aparecer en RTVE en más de una ocasión gracias a su trabajo. Estaba extremadamente orgullosa. No obstante, fue esta rutina la que abrió una de las primeras brechas en nuestra relación. Intentando banalizarlos, me mostró que tenía dos grupos en redes sociales, uno con sus amigos del pueblo y otro con sus amigos de Salamanca en los que se pasaban fotografías de chicas del pueblo acompañados de comentarios repulsivamente machistas sobre su físico, jactándose de sus parejas y alabando la diferencia de edad con las mismas. Pero no pasaba nada. Porqu...

Tercera parte.

 Y con todo esto, dio comienzo el 2019. Comencé a trabajar en una academia de inglés y, una tarde después de trabajar, fui a hacer la compra, ya que quedamos en que aquella noche yo prepararía una “falsa pizza”. No se trata de un plato especialmente difícil pero requiere su tiempo, electrodomésticos e instrumentos óptimos y, con la poca gracia que me hacía cocinar, su reacción me disgustó considerablemente. Aproximadamente dos horas después, sentada a su izquierda en una mesa camilla y la cena sobre la mesa, los gestos de asco, falsas arcadas y miradas de aversión desmerecieron mi orgullo. Al principio me sentí terriblemente culpable. Sin embargo, cuando se levantó enfadado y se enclaustró en su habitación, decidí irme de su casa. No iba a soportar todo ese desprecio y soberbia.  Me dio igual que fuera detrás mío por la calle. Porque aquella era una persona que no reconocía.   A las horas ahogó mi teléfono con mensajes de perdón y de nuevo decidí dejarlo pasar. Los m...

Segunda parte.

En cuanto a prioridades, si no me equivoco, el valor que para mi tiene la familia es similar al que él da a sus amigos. Entonces, si no me negaba a quedar con ellos, a ver partidos de baloncesto, a conocer a su familia, pasar un fin de semana en casa de su tío, ¿por qué él no quería ni sentarse a cenar con la mía? Esto es algo que me dolía horrores y atormentaba de igual manera. Quería que mi familia pudiera conocer a la persona con la que estaba compartiendo mi vida, pero él no consideraba que eso fuera importante. “Es que tú no lo entiendes”, “no sabes qué es eso” (refiriéndose a la amistad). Siempre tiraba por tierra el valor que para mí tenía mi pequeño cosmos. En junio de 2018 y con la autorización provisional para conducir recién imprimida, viajamos al pueblo en coche.  Era muy consciente de que no dominaba el volante, pero ansiaba aprender a desenvolverme. Sin embargo, desde aquel día me producía pánico el conducir con él y lo evitaba a toda costa. Ya que acallaba la música ...

Primera parte.

Desgranar una relación sentimental es un ejercicio de desgaste psicológico. Por una parte, porque es imposible acordarse de absolutamente cada uno de los detalles, de cada reacción y el consiguiente análisis. Por otra, porque se trata de MI verdad. De esta depende todo lo que he vivido hasta la fecha, educación, relaciones sociales etc. No es la única verdad, ya que hay dos participantes, y mucho menos la absoluta, ya que esta es inalcanzable. Por tanto. Allá vamos. El primer año sentí un poco de frustración. Culpa mía. Creé tantas expectativas que, pasaban los meses, esta bucólica imagen se fue desvaneciendo. No pretendo volcar toda la culpa sobre su persona, pero he de reconocer que me sentía invisible. Si hoy en día no hubiera redes sociales podría hasta pensar que era producto de mi imaginación. Ni conocer a sus amigos, ni a su familia, ni querer indagar en nuestros sentimientos. De hecho, solo nos veíamos en una cafetería después de clase. Incluso el mes de noviembre de aquel año ...

Preludio.

 Primera sesión voluntaria de terapia. Ella, que siempre había despreciado ilusionistas y cualquier cómplice del gremio, aquella tarde salió de la cama para recostarse en un sillón. "¿La primera vez que me sentí defraudada?" Es curioso cómo el tiempo hace crecer vida sobre ruinas y tierra baldía. Como si no hubiera pasado un solo segundo, sentados a mi izquierda en una mesa camilla y la cena sobre la mesa, los gestos y miradas de desprecio y aversión empañaron por vez primera mi orgullo. "Al principio me sentí terriblemente culpable." Sin embargo, cuando él dejó la estancia, ella decidió dejar la casa. "Me dio igual que fuera detrás mío por la calle. Sentí desprecio. Soberbia. Subestimación. Hacia mi persona. Sí, creo que fue aquella vez "  "¿Pánico? Nunca he creído que pudiera hacerme daño físico. Pero siempre he sido muy sensible a los tonos de voz graves y agresivos. No quería conducir con él. Apenas unas semanas después de sacarme el carnet y viaj...

M

No sabía si era la mejor opción, pero, ¿acaso había otra? Música de la que no me gusta a todo volúmen, un cielo iluminado por la maldita contaminación y un frío templado que no sé si emergía del asfalto o de mi tripa.  Beso sin mirar a los ojos y pongo la cara más decente que podía poner a esa altura.  Un sexto piso, un 16 de octubre. Aquella terraza parecía la organización de las naciones unidas.  Tantas voces desconocidas y aún así creo que la tuya ya la había escuchado antes. Toda mano sostenía una copa y tu te ríes de mi taza de té caliente. No sé cuanto pudimos hablar apoyados en la barandilla, pero sentía que había tomado la decisión correcta. Por primera vez no forzaba la sonrisa e incluso me empezaba a doler. ¿Pero tú de dónde has salido? Paso a hablar idiomas extranjeros y aprovecho a que nadie lo entendía y que el que lo hacía estaba muy borracho. Lloro que se me está rompiendo la vida y no tengo manos para sostenerla.  En el siguiente acto me encuentro en ...

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Me temo que no existe esa resistencia de la que tanto alardeaba, que no estaba tan cansada, y que lo más dificil no fue decir adiós, porque el final tuvo lugar 10 meses antes. El día que me llamen a testificar, me condenarán por mentirosa.  Y aún cuando cumpla mi condena, seguiré creyendo en todo lo que he callado.  En que tardé un día en volver a creer,  en que el sol en Madrid no se esconde y en que lloré por Bari cuando Roma me esperaba al año siguiente.